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Integración Sensorial

Es la capacidad del Sistema Nervioso Central para organizar e interpretar las informaciones captadas por los diversos sistemas sensoriales (visual, auditivo, gustativo, olfativo, táctil, propioceptivo y vestibular) y de este modo responder adecuadamente al entorno que nos rodea.

 

La terapia de Integración Sensorial es útil por diversas razones:

  • Favorece la transmisión de mensajes entre las neuronas, que es la base para el funcionamiento de nuestro cerebro
  • Configura el entorno para que sea divertido de modo que el usuario utilice mejor sus procesos sensoriales, mejorando la estructura y la química del cerebro
  • Las experiencias táctiles y vestibulares tienen un efecto beneficioso para todo el sistema nervioso
  • Contribuye a la rehabilitación de posibles daños neuronales mediante la puesta en uso de las neuronas dañadas

 

 

DISFUNCIONES EN LA INTEGRACIÓN SENSORIAL (D.I.S)

Una deficiencia en la integración de la información sensorial significa:

Dificultades, más  esfuerzo y menos éxito en la vida.

Un deficiente funcionamiento de la integración de la información sensorial genera en el niño problemas de comportamiento y de aprendizaje. La mayoría de los niños que presentan este déficit no parecen diferentes a los demás niños, su inteligencia se encuentra dentro de la media o es incluso superior.

Cuando el problema no es muy severo, los médicos generalmente no lo diagnostican, los padres de familia no se dan cuenta hasta que el niño comienza el colegio y tiene dificultades al aprender a leer, escribir, respetar las normas, convivir con sus compañeros. Las madres más intuitivas observan que algo no está funcionando bien con el niño pero no saben que es, con frecuencia se preguntan:

¿Porqué tantas dificultades si realmente no existe ningún problema?

¿Por qué es un niño tan difícil y llora por todo? ¿Por qué es tan terco?

¿Por que suele estar de mal genio? o ¿Porqué duerme tan mal?


SÍNTOMAS DE D.I.S

Algunos bebés con DIS pueden tener dificultad para arrastrarse, gatear o ponerse de pie, más tarde pueden tener dificultad en amarrarse los zapatos o aprender a montar en bicicleta.

Otros niños con D.I.S tienen un desarrollo aparentemente normal y solo surgen las dificultades más tarde, cuando el nivel de exigencia aumenta.

Se mueven con dificultad, corren torpemente, están rígidos y poco flexibles.

Aunque no todos los niños rígidos son así por una DIS, en ciertos casos los músculos o los nervios pueden no estar funcionando bien. En caso de DIS los nervios y los músculos funcionan bien pero el cerebro tiene dificultad en la integración de las sensaciones.

Los niños con DIS pueden presentar dificultades al jugar. Debido a la imposibilidad de integrar las sensaciones provenientes de los ojos, oídos, brazos y cuerpo, pueden oír, ver, o sentir algo y no responder adaptativamente a ello.

Esto se presenta porque el niño se pierde algunos detalles o no entiende y reacciona equivocadamente. Suele defenderse de los juegos y actividades que lo ponen en estas situaciones difíciles y puede evitar juguetes que impliquen mucha manipulación.

Es un niño que se cae y tiene accidentes en mayor medida que los demás.

Un problema común es el retraso en el desarrollo del lenguaje, esto es un indicador precoz de que algo no marcha bien en el cerebro. Algunos niños no escuchan bien a pesar de que no existe ningún problema en los órganos de la audición, es decir, los impulsos sonoros son percibidos adecuadamente por los oídos, pero llegan desorganizadamente al cerebro.

Otros tienen dificultad con las palabras, ellos saben perfectamente lo que quieren decir, pero no pueden dirigir adecuadamente la boca para formar las palabras.

Hay niños quienes presentan dificultad para colorear, armar un rompecabezas, usar adecuadamente las tijeras, pegar dos trozos de papel limpiamente. Ante cualquier tarea manual sus resultados son muy pobres, para él los objetivos a lograr representan mas esfuerzo y dificultad.

Los adultos pueden pensar que el niño no esta interesado en la actividad, pero si no lo está es porque los mensajes provenientes de sus manos y ojos no son claros y las respuestas no le brindan ninguna gratificación.

Algunos niños no pueden organizar las sensaciones que provienen de la piel, se irritan y enojan cuando alguien los toca, algunas veces también las luces o los sonidos pueden producir irritación o distracción. Si observamos con cuidado estos niños notaremos la expresión de malestar en su cara.

La hiperactividad es en muchos casos un síntoma de DIS. Otros niños, buscan el estimulo táctil en mayor cantidad de lo habitual y constantemente buscan ser abrazados, acariciados, piden que los masajeen, que los aprieten, etc.

A veces los niños no muestran dificultades en la casa o en el preescolar pero al llegar al colegio presentan dificultades en el aprendizaje. Una DIS que en edades tempranas es insignificante puede convertirse en un problema mayor cuando el niño crece, esto es debido a que tanto los padres como los maestros esperan más de un niño escolar que de un preescolar.

Las DIS con frecuencia van acompañadas de dificultades para relacionarse adecuadamente con los demás, para un niño con estas dificultades, la vida escolar representa una gran presión. Él deberá esforzarse mucho más que sus compañeros para lograr la consecución de los objetivos, en consecuencia la experiencia la vive con sentimientos de impotencia y ansiedad.

Un niño con una DIS tiene muchas dificultades para adquirir las destrezas necesarias para ejecutar las actividades que debe aprender en la casa y en el colegio: atarse los zapatos, vestirse, sostener y manejar adecuadamente el lápiz los colores, reconocer signos y símbolos escritos, cambiar de actividad de acuerdo a un ritmo externo.

Debe competir en educación física con niños que tienen mejores cualidades sensoriales y motrices. Estar atento en un salón lleno de ruido, gente y distracciones visuales cuando difícilmente logra concentrarse estando a solas con su mamá o su profesor.

Se espera de el que haga las cosas rápido cuando solo puede llevarlas a cabo muy lentamente, o que se mueva despacio cuando para él es mucho más fácil moverse rápido. Debe recordar varias instrucciones al mismo tiempo, para ejecutar una acción continuada cuando para él es difícil recordar una sola orden.

En el salón de clases el niño con DIS se distrae por todos los ruidos , luces, sonidos y estímulos de muchas personas realizando simultáneamente diferentes acciones a su alrededor, esto hace que su cerebro se sobreestimule y responda con un exceso de actividad, el niño hiperactivo salta por todo el salón,  no porque quiera hacerlo sino porque esta fuera de control, su exceso de actividad es una respuesta a sensaciones que no puede desatender, pero tampoco sabe como organizarlas en su cerebro, la confusión creada le hace imposible concentrarse en algo y no logra comprender lo que el profesor dice o espera de él.

Si está de pie y alguien lo pisa o se le tira encima su reacción será de enojo y malestar y se defenderá violentamente, como ven, esta reacción no tiene nada que ver con aspectos psicológicos, son reacciones físicas automáticas a sensaciones que el niño no puede tolerar porque no puede organizar.

Cuando un niño se encuentra en esta situación no la comprende ni lo verbaliza, es un proceso que tiene lugar en su cerebro, fuera de su conciencia y del control cortical, por esto, es inútil decirle que se controle y se esfuerce por comportarse mejor, la recompensa o el castigo prometido para que lo haga no logran que el cerebro se organice más eficientemente.

Estas demandas realizadas por padres y maestros lo que hacen es empeorar la situación, porque el niño se siente doblemente frustrado, por no saber como responder a estas exigencias y por no encontrar la forma de organizarse.

Al pasar de los años el niño se da cuenta que es diferente a los demás y sin un sólido soporte afectivo por parte de sus padres y maestros puede crecer sintiendo que es estúpido y torpe porque esto es lo que dicen sus compañeros y a veces también los maestros y los padres. Decirle que no lo es, tampoco sirve porque las palabras y las ideas no ayudan a organizar mejor las sensaciones en el cerebro.

Solamente un sano soporte afectivo, acompañado de la ayuda terapéutica que le permita la integración de las sensaciones y la generación de respuestas adaptativas permitirá que gane en autoestima y en capacidad para lograr sus objetivos.


¿CÓMO TRABAJA LA TERAPIA DE INTEGRACIÓN SENSORIAL?

En la terapia, tu niño será guiado a través de actividades que cambian sus habilidades para responder apropiadamente a la entrada sensorial y llevar a cabo una respuesta organizada y exitosa.

La terapia incluirá actividades que proporcionan estimulación vestibular, propioceptiva y táctil, y son diseñadas para las necesidades de desarrollo específicas de cada niño.

Las actividades también serán diseñadas incrementando gradualmente las demandas a tu niño para conseguir unas respuestas cada vez más maduras y organizadas.

El énfasis está en los procesos sensoriales automáticos que se dan en el transcurso de actividades dirigidas hacia una meta, más que en las instrucciones o en hacer ejercicios con el niño sobre cómo responder.

El entrenamiento en habilidades específicas no es normalmente el foco de este tipo de terapia. El niño probablemente no hará ejercicios o tareas como equilibrarse en una tablilla, atrapar pelotas, usar el lapicero o saltar sobre un pie.

Mejor dicho, se usan una variedad de actividades para desarrollar las habilidades fundamentales, que capaciten al niño para aprender las destrezas eficientemente.

Sin embargo, hay casos, en los cuales es crítico entrenar las destrezas específicas para mejorar la autoestima de los niños o la habilidad para interactuar con sus compañeros.

En tales casos, el terapeuta ocupacional puede proporcionar entrenamiento en las destrezas, o pueden remitir a los niños a otros profesionales quiénes podrían proporcionarle este servicio. La educación física, clases de gimnasia, psicomotricidad o la educación del movimiento son ejemplos de servicios que centran su trabajo en el entrenamiento directo de las habilidades.

Estos servicios son importantes, pero no es lo mismo que utilizar una terapia de integración sensorial.


¿QUÉ ESPERAR DE LA TERAPIA DE INTEGRACIÓN SENSORIAL?

Cuando la terapia de integración sensorial es exitosa, el niño es capaz de procesar información sensorial compleja de una manera más efectiva que antes. Esto puede tener un número importante de beneficios. Una mejora en la coordinación motora puede ser documentada, por la habilidad del niño para realizar con más destreza las tareas motoras gruesas y finas en un nivel de complejidad que no sería esperado alcanzar sin la intervención. Para el niño, que originalmente presentó problemas de hipo o hiper respuesta a la estimulación sensorial, tener respuestas más normales puede dirigirle a tener un mejor ajuste emocional, mejora de destrezas de interacción social, o mayor autoestima. Algunos niños demostrarán adelantos en el desarrollo del lenguaje, mientras otros mejorarán significativamente en las tareas escolares, ya que su sistema nervioso comienza a funcionar más eficientemente.

De forma muy frecuente, los padres reportan, que sus niños parecen estar mejor preparados, más seguros de sí mismos, mejor organizados y es más fácil convivir con ellos.

Al principio de la intervención, el terapeuta comentará en qué áreas probablemente se verán cambios a medida que el niño progrese, basándose en el conjunto de problemas presentes y en la investigación existente sobre los efectos del tratamiento.

Por supuesto, las predicciones pueden fallar, pero tu niño será controlado en el curso de la terapia para conseguir los efectos deseados. Este control puede incluir valorar al niño con diferentes tipos de prueba, o puede incluir documentación objetiva de sus cambios de comportamiento. Normalmente el progreso, es controlado formalmente en intervalos de 3 a 6 meses. La duración típica de la terapia, va desde 6 meses a 2 años, dependiendo de la severidad y tipo de problema que el niño tiene, así como también del progreso visto en él.

Algunos niños se han beneficiado de períodos intermitentes de terapia en el transcurso de varios años. Por ejemplo, la terapia puede proporcionarse en un período de 6 a 9 meses, luego reiniciarse un año después durante otro período de intervención. En general, el tratamiento permite de una a tres sesiones por semana, cada una con una duración de 30 minutos a 2 horas, dependiendo de las necesidades y la facilidad del niño para aprovechar las sesiones.

 

Ver página:

disfunción de integración sensorial

http://mivalientevalentin.blogspot.com.es/2010/04/integracion-y-dieta-sensorial.html

 

 

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